¿Es el meme una forma de arte?
El título es clickbait, bueno, más o menos. Te aseguro que vale la pena.
Aún en contra de mi voluntad agregué citas bibliográficas, casi es un escrito serio. Ahí se los dejo:
El tema que pretendo
desarrollar en este texto es
una problemática extraída de un ensayo de Walter Benjamín de 1936, sobre el
papel de la obra de arte ante su reproducción técnica masiva, trayéndola a
nuestro tiempo preguntando si por nuestras condiciones técnicas y
comunicativas no estamos ya ante otro cambio de paradigma en la apreciación
estética. Sin intención de copiar ni a Benjamín ni a Heidegger. Anticipadamente
me disculpo por la suma cantidad de neologismos por venir.
Entrando pues, en
materia, en el ensayo antes mencionado, Benjamín intenta dejarnos claro que su
época era ya un parteaguas en la forma en la que se percibía y producía el arte
desde hacía mucho tiempo. Con un marxismo que se deja ver desde un inicio, el
ensayo comienza por introducirnos todos los conceptos necesarios para
comprender el fenómeno descrito, de los cuáles nos serviremos en este texto con
nuestros propósitos: Este gran cambio radical reside en lo que Benjamín llama «la
destrucción del aura».
Esta «aura» es
un concepto que define de forma muy oscura, pero podemos identificarlo con la
conexión íntima de un espectador con alguna obra de arte en cuanto esta sea original,
no copias, no reproducciones, sólo la obra y el espectador en una relación casi
mágico-mística que dotaba a la obra, dígase pintura, música, escultura, etc.,
de lo que Benjamín llamará valor de culto. Podemos
observar la agonía de estas perspectivas sobre el arte en los puristas y los
pedantes (que no son lo mismo), que nos instan a, o reclaman el no haber
perdido la mirada en las líneas de un Miró o los colores envolventes de
un Rothko a primera mano, o habernos perdido el concierto de alguna
banda underground que se rehúsa a subir su música de menos a YouTube.
Aquello que hizo que
Hegel seguramente llorara por la muerte del arte, pues lo ha privado del
volverse la figura más acabada del espíritu y amenazó con profanar, con espíritu
iconoclasta, y destruyó de hecho, el dichoso componente aurático de la
obra, se puede decir con tres palabras: capacidad de reproducción. Primero en
la forma de los grabados, posteriormente la cámara, la radio, entre otras
maravillas de la técnica, hicieron más fácil la captura y difusión del arte,
alterando dramáticamente el valor de la obra de su original culto, a la exposición.
En su serie documental
y libro Ways of Seeing (Modos de Ver), John Berger hace una presentación
magistral de este fenómeno tomando el punto del arte como exposición,
explicándonos que esta transforma la obra de modo que es «sí misma, pero otra».
Pues si bien se conservan muchos de los aspectos formales de la obra original,
esta tiene el potencial de convertirse en el vehículo para un mensaje
más complejo o que sencillamente exceda la intención comunicativa inicial de la
obra, con el simple hecho de agregar música, acercamientos sutiles de cámara y
cortes comerciales a pinturas de Brueghel el Viejo, Goya o Caravaggio. Aunque
Berger, mucho más modesto que Benjamín o que este mismo texto, se limita
inteligentemente sólo a la tradición pictórica europea que dice: «(…) nació
entre el 1400 y murió cerca del 1900», (Berger, J., 1972). Quizá de
forma irresponsable extenderemos el objeto de su análisis.
Es pues, la
clarividencia de la que nos hace partícipe la cámara la que nos ha traído una
especie de utopía de la exposición, donde cualquier interesado puede entrar en
contacto, es decir experimentar, conocer, comprender y en muchos casos, aunque dependiendo
su relación con los derechos de autor, y que algún coleccionista millonario
haya permitido reproducirla (ya iremos a eso), utilizar libre y creativamente
una obra; visto esto en la forma de lo que podemos llamar la democratización
del arte. El mismo Benjamín asume que este es el destino del arte ante
nuestra condición técnica pues si bien la imitación y la réplica existía desde
los inicios mismos del arte, el potencial de reproducción técnica de su, y
nuestro, tiempo no había tenido precedente, pero sería consecuencia de un
avance lento pero firme desde los primeros grabados, la imprenta, la
litografía, y así sucesivamente. Acercando cada vez más, por medio de la técnica
la obra de arte al público masivo.
Habrá quien defienda
que Benjamín hace una apología de la artesanía (como si dicha palabra fuera
derogativa del sentido de Arte en primer lugar), sobre todo por la apelación a
un tipo de «estado de naturaleza» de la obra de arte en la que funge como algo
reproductible y, sobre todo, accesible a todos los miembros de una comunidad
sin distinción de clase o copyright. Detrás de este virar del arte está
el hacerlo algo popular, vulgar: profano.
Y a manera de
resistencia, como mencionaba anteriormente, surgen mil formas de tratar de
restablecer el carácter aurático, sacro, aristocrático, de culto del arte;
entre las más importantes el mercado del arte, círculo en el cual la obra
adquiere su valor únicamente por lo que los coleccionistas estén dispuestos a
pagar por una firma. Claro que es entendible que es una forma por la cual los
artistas adquieren fama, prestigio y la comida diaria, de resistir ante el
abandono del Estado, pero es también cierto que hay determinadas prácticas
cuestionables en el mismo, desde sus círculos de exclusividad hasta la
apreciación estética de objetos que desafían su reconocimiento como arte, puestos
intencionalmente por individuos que no se reconocen a sí mismos como artistas,
por no hablar de esculturas invisibles, véase a Salvatore Garau; cuya única
certeza de sus obras es el nombre y un certificado personalizado. Es
problemático, pero no el asunto a profundizar de este texto.
Regresando a la
cuestión, con lo anterior intento esbozar que esta idea de la obra recompuesta
y curada para la pura exposición o, un mensaje o idea otra de la original;
además de trasgredir el carácter de culto de la misma que la vuelve sólo
comprensible de forma mística (es decir en revelación con lo «original»),
parece darle una nueva vida, dándole voces nuevas y relevantes a obras que de
otro modo se habrían visto superadas por el olvido. Nuevos significados y
nuevos medios que resuenen con los intereses de la época, es en todo sentido una
forma de hacerla accesible a nuestro tiempo tanto material como ideológicamente.
La primera muestra del
potencial de recombinación del arte para la creación de discursos y objetos de
arte nuevos fue el cine, por medio del lente se refina al arte exquisitamente, con
lo cual es capaz ya de expresarse más de lo que veríamos con ciertas pinturas a
simple vista, aumentando la vivacidad en cuanto la representación. Hacer de un
instante, de un paso al bajar por las escaleras, una escena de terror ante el
peligro que representa la caída y digna de la mejor instrumentación, sólo con
algo de slow motion.
El cine romperá el
silencio del arte plástica y la literatura, pero no es quizá hasta ahora que vemos
una nueva explosión de formas artísticas divergentes, con propuestas y
discursos nuevos que se sirven de todos los recursos disponibles para romper la
temporalidad, el discurso y sus mismos formatos; estamos hablando del meme, que
según ciertos autores como Dawkins, es incluso previo al internet ampliando la
definición a una especie de genes culturales, pero que fue por este
mismo, el internet, que podríamos calificar como una nueva evolución en el
potencial de reproductibilidad en el sentido de Benjamín, que el conjunto
social comenzó a hacerse consciente del poder de esta herramienta.
Aunque parezca difícil
de creer, hay esfuerzos serios que consideran al meme un digno objeto de
estudio y análisis, como el administrado por el surcoreano Seong-Young Her, que
lleva el proyecto multiplataforma The Philosopher’s Meme y el grupo de
investigación /tpmg/ - TPM Meme Research and Development, con más de 18
mil miembros, en el que utiliza la red de Facebook para compartir, discutir y
analizar al meme en su formato y presentación nativa, la digital. «Who owns
the memes? How dare we ask such a laughable question?»: ¿Quién es dueño de
los memes? ¿Cómo atrevernos a hacer una pregunta así de ridícula?, reza un
párrafo en la página principal del sitio.
Pero sin atrevernos aún
a hacer un salto tan grande como hablar de algo sin definirlo, siendo
intencionalmente irónico con ello, recurrimos a la filósofa de la Universidad
de Bristol, Claudia Vulliamy, quien en su artículo titulado: What is a Meme?
(¿Qué es un meme?), siguiendo una línea de debate con otra investigadora
del meme, la autora intenta definir en más de un sentido este fenómeno, en una
de las definiciones, sirviéndose de un tipo de definición cluster o de
aglomeración en la que se plantea la serie de atributos comunes de un conjunto,
reconociendo que puede haber atributos que no se compartan por todos los
miembros del conjunto, similar a los parecidos de familia de
Wittgenstein.
De este modo, la autora
define al meme aquello que sí y solo sí derivase de la práctica memeográfica
(esto refiere a la forma en la que el meme se usa, públicamente compartido e
interactuado), de intención cómica, y tuviera al menos 5 de los 6 siguientes
atributos: anonimidad, apropiación, efimeridad, digitalidad, uso de
medios visuales y texto, y parecido estilístico con otros memes (como una forma
de sintaxis). (Vulliamy, 2021). Esta definición acerca mucho al meme a lo que
quedaría del arte meramente profano, con su valor fundamental residiendo en la
exposición, la experiencia estética, con la diferencia de que el meme tiene un
componente efímero, y una intención cómica, pese a que en ocasiones estos sean
tristes o bizarros.
La pregunta podría quedar abierta de si es legítimo o no considerarlo arte, pero desde mi ya no tan humilde opinión quisiera concluir intentando proponer una nueva forma de concebir al meme, no sólo como eso, pese a lo poco respetado que es, sino por su naturaleza y los componentes de su abierta definición, como vimos, asumirlo como la forma de arte predominante de nuestro tiempo, conservando los valores del arte profano, revolucionando su forma y potencial de reproducción hasta la viralidad, convirtiéndose en la moneda de cambio (por hacer un símil), en esta Red de Indra tan rara que llamamos Internet.
Recursos informativos (entre otros, pero estos son los importantes)
Benjamín, W., (ed. 2003) La obra de arte en la
época de su reproductibilidad técnica [1936]. Editorial Ítaca: Ciudad de
México, México. Primera edición [digitalizada].
Berger, J., (1972) Ways of Seeing. [Serie de televisión]. Reino Unido. BBC. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=0pDE4VX_9Kk
Vulliamy, C., (2021) What is a Meme? [Artículo]
Memetics. The Philosopher’s Meme. Publicación digital. Recuperado de: https://thephilosophersmeme.com/2021/11/30/what-is-a-meme


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