El Canicas
Hoy pasó algo muy cagado.
9:00pm, iba camino al tren, a 18 de marzo. En el cruce un viejillo se me quedó viendo. Expresión entre sorpresa, incredulidad, miedo incluso. Pensé que sería mi gorra lo que lo hubiera ondeado, pero solo me fui. Con algo de culpa por asustarlo, creo. Seguí andando, entré al tren y antes de que pudiera sacar mis audífonos, me cayó a mí el susto. Ahora lo tenía enfrente.
Acabando sus 50, cabello cano, con los músculos faciales apunto de ser vencidos por la edad (o la gravedad), aún con esas aparentaba ser más joven. Quizá por los dientes, ligeramente torcidos que le daban una sonrisa algo infantil.
Lo que menos me imaginaba era que me confundiera con un muerto.
Preguntó por mi hermano X (Juan), y si no era yo el Canicas (Memito). Antes de que pudiera tutearlo, porque mis modales obligaron el hablar de usted, la escena fue aclarándose. Poco tardó en revelarme que supo del Canicas (Memito) por Y (Daniel), quien había sido el amor prohibido de su juventud (Fue entonces que intuí porqué estaba hablándome tan cerca). Lo encontró a los años en una orgía en algún cuartucho de la ciudad. "¡Qué haces aquíii wey!, le dije, "Noo, qué haces tú aquí", me dijo". "Te juro que pensé que eras el Canicas, de tu estatura, con esa barbilla, de gorra. [...] Nunca lo vi, no me consta, pero Y (Dani) decía que estaba bien dotado. Tú me dirás".
"Bueno, cualquiera se confunde..."
Tanto me contó entonces de X y Y, que se le olvidó que el Canicas había muerto.
"Pero pues no me consta, yo nunca fui al funeral, wey". Uno nunca sabe.
Siguiendo la plática me contó de cómo conoció a Y gracias a F (Fabián), cómo se hizo de una bolita de amigos para los que él bien podría "ser su pinche abuelo". Bueno, tuve que cambiar el tema cuando escuché: "Y entonces yo le dije, eres alto, güero, tienes todo a tu favor..." "No podrías ser basquetbolista, cabrón, ya tienes..." [...] "19 años y 19 centímetros, decía pero ¿para qué preocuparse por eso? No, eso no es lo que te tiene que importar, una persona es más que eso" [...] "¿Y tú? ¿Cuánt"...
Abordamos el tren y para hacer frente al insoportable silencio, hablamos del oficio. Cuando la pregunta volvió a él, habló de la Escena, la vida nocturna y la farándula, me contó que abrió un bar, "como a mí me hubiera gustado que fueran los bares", cerca de algún otro bar de nicho que seguirá por ahora en servicio. Calle Marsella... Justo Sierra, ¿es colonia Moderna o Americana?, como sea. "Detrás del Colegio de Arquitectos [...] estábamos muy bien parados, wey". Parece que por favor político, porque no faltó mención a que con la entrada del PAN de Alberto Cárdenas perdieron todo, incluso el bar.
Seguimos hablando de gentes, un grupo de filósofos ya regulares del bar, escondidos en la azotea para no molestar con el humo que mejor expiden. Por esos años y por esas gentes conoció a una francesa de apellido Corrette (Cavalier), parece que redactora en diarios, entonces trabajaba para el Siglo XXI, "muy mi amiga, muy mi amiga, pero cómo le daba". Ya en esas se enteró de las pachecas de la señorita Corrette con una tal Letizia, su roomie, estudiaba en la ciudad en esos años, venía de España. Muy importante ella, sabrá usted.
Tanto fue su amiga la señorita Corrette que cuando perdió el bar, así como el PRI había perdido el gobierno del Estado en esas fechas, le ofreció abrir con unos contactos suyos y lo que pudiera él aportar, para abrir otro bar en España. "¿España cruce con cuál?, no pendejo, ¡España España!". Aceptó. Dijo que era una revoltura whitexican asquerosa que más que una propuesta tenía "¿Cómo se llamaba esa madre poblana?"
"Tabalera..."
"¿Talavera?
"¡Eso!". Pese al mareo que produce la artesanía a los más afines a la Alta cultura, dice que él aportó la idea de meter artesanía de Tonalá y Tlaquepaque, así como motivos indígenas para acallar en lo posible la necesidad de sentir el proyecto un poco más auténtico. La sospecha entró (para él y para mí, al oirlo), cuando al proyecto no dejaban de entrar ese tipo de "contactos" que no aparecen en el chisme de cualquiera. Sí mencionó varios nombres, muchos que no pude guardar en mi memoria más por la distancia generacional que otra cosa, apenas distinguí un político, algún periodista y a Sergio Bustamante.
Con semejante tripulación, a ambos lados del mostrador, no pasó mucho tiempo para que el barco hundiera. "Apenas unos meses". Ya no por las habilidades de administración de mi buen amigo, que no tuve oportunidad de medir en sus palabras, sino porque se quedaron sin padrino, resulta. Primero cayó el esposo, en febrero; luego cayó ella. Quien fuera tal vez el peso más pesado de los contactos de Cavalier, que no era nadie más que Paulina C., cuñada del expresidente C.S.. Sin los fondos el destino era evidente "Pero hay que aferrarse a todo en la vida, y me aferré. Antes de diciembre la vida ya me había llevado a Tequisquiapan. ¿Y tú? ¿has salido del p"...
"¿Es en Hidalgo?",
"Cerca, en Querétaro".
Tan tranquilo luego de soltarme semejante chingadera... No pude evitarlo, vi en mi reflejo la misma expresión que puso él al ver a el Canicas cruzar la calle: entre sorpresa, incredulidad y miedo. Apenas manteniendo la compostura, preguntó: "Y bueno... ¿eres casado, soltero...?". La risa fue la mejor forma de expresarlo.
No alcancé a contestar cuando vi que estábamos ya en la estación Juárez, tuve que decirle que bajaba en la siguiente. Sólo me dio las gracias por recibirlo con una sonrisa (?) cuando me preguntó "una pendejada por la que no hubiera dormido": Si era o no el Canicas. Ya bajándome atinó a decirme: "Te lo dijo por tu bien, no te cases. Si quieres nomás júntate".
"Ya veré. Nos vemos".
Nunca me dijo su nombre.
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