Manifiesto Hiperreflexivo




 1. Introducción

Antes que nada, me encantaría concederme hacer una brevísima introducción y algunas notaciones de suma importancia para quien sea que se adentre en las líneas de este documento, entre algunos otros aspectos a tomar en cuenta para evitar idealmente en la medida de lo posible su estudio, reproducción o transmisión de las cuestiones que aquí sean tratadas. Dicho lo anterior, habré de aclarar mis motivos por los que no sería de mi agrado que este conjunto de símbolos que transmiten cierta información sea idealmente transmitida, reproducida o estudiada; principalmente es porque se trata de una cuestión puramente personal sin una base clara que no sea mi propia experiencia de vida, esto nos lleva al siguiente punto: el de la falta de verdadera seriedad a las cuestiones a las que se le quisiera dar respuesta mediante las líneas de este texto, ya que siendo un asunto precisa y escuetamente particular, no está pretendido para explicar algo o nada fuera de sí mismo, sino para instaurar en mí, su autor una suerte de paz tonta con las decenas de pensamientos tontos que van de un lado a otro en mi día a día. Ya medianamente aclarado el punto, me gustaría poner sobre la mesa que si alguna de las cosas extrañas que aquí se digan le sirvieran a alguna persona para bien en su vida y de los de su alrededor o viceversa, pues muy bien o no en el caso contrario, en todo caso este no es ningún texto sobre ética o moral, ni siquiera una guía de vida, reitero que usted se está leyendo el resultado de la mala higiene del sueño, de la pretensión y el ego de un joven universitario medianamente consciente de realidades puntuales de su propia cotidianidad, más parecido a lo que cualquier persona común haría o plasmaría en un diario personal, una producción literaria cuasi-filosófica hecha con fines un tanto terapéuticos para el propio autor, es esta la finalidad misma del manifiesto.

Teniendo claro esto me parece un buen agregado casi obviado respecto a que el presente texto está escrito desde una ignorancia en la neurociencia y lo que ha dicho sobre el asunto de la hiperreflexividad, concepto que aquí abordamos de modo particularmente irónico, es decir, de la manera menos seria y casi ametódica posible. Debe ser visto entonces desde el campo de la mera ironía y del fenómeno que hoy nos ha puesto tan a la mano la daga del internet que conocemos como meme, por lo que esto debe resultar precisamente gracioso, hilarante, irónico e incluso ridículo aún en su propio campo. Dicho lo anterior me permitiré continuar.

 

2. Lo hiperreflexivo

I) Hiperreflexividad: la sensación reiterada.

Entendemos al acto hiperreflexivo como una suerte de experiencia o modo de experimentar la realidad subjetiva del individuo, una forma muy particular si se me permite hacer énfasis en ese sentido. El protagonista de la realidad particular ha pasado por una serie de vivencias, sensaciones y emociones propias de los resultados que dan los factores de su entorno, resultados que en la repetición semicotidiana de la mayoría de sucesos permean en la percepción de la realidad particular del sujeto y por consecuencia autoconcepción del mismo. El total de influencias del mundo en el sujeto con sus repeticiones queda grabado tan en lo profundo que en los momentos donde gobierna el instinto de supervivencia inducido por algún agente extracorporal como la cafeína, o del cuerpo mismo, sale a flote en forma de recuerdos y pensamientos específicos o en otras ocasiones, como escenarios meramente surgidos del azar la pura perpetuación de la cotidianidad antes vivida y grabada en una considerable sobriedad, es decir, la hiperreflexividad puede venir a surgir de los episodios ansiosos resultantes del abuso de algunos estimulantes, pero no se limita a ello.

II) El acto hiperreflexivo: acción particularmente humana.

Entendamos lo hiperreflexivo como un fenómeno o algo que acontece sólo en el marco de lo meramente humano, pues se sustenta en la particularidad de vivir de cada sujeto en un ámbito racional, emocional y moralizado. Es aquí donde encontraremos un lugar más donde el acto hiperreflexivo se hace patente y que nos confirma precisamente la naturaleza humana de sí mismo, pues se nos presenta incluso en mayor medida cuando la existencia propia se convierte o se comporta como cadenas y grilletes que hay que arrastrar por las sendas más sinuosas, es decir, en los momentos de (mayor o menor) tristeza, en la angustia, donde el espíritu humano se sabe insuficiente e incapaz de valerse por sí mismo, en esos momentos podemos presumir de una actividad hiperreflexiva mayor.

Es precisamente en este punto donde encontramos el corazón de lo hiperreflexivo, el meollo de todo este asunto hipercíclico, en lo humano, es del humano la razón y esta a su vez la raíz de muchos estados y sensaciones tan hondas como la propia tristeza o la angustia lo puedan ser, lo hiperreflexivo se hace patente al surgir en lo humano, afectar en lo humano y finalizar en lo humano, se autojustifica de manera persistente y constante. Aquello humano que surge en mí, termina en mí, vuelve en el día a día, vuelve antes de acostarme, vuelve en mis sueños y me despierta como mi reloj, voy al trabajo y me lo encuentro de camino, cena conmigo cuando estoy de nuevo en casa y se acuesta a dormir conmigo, se entiende a sí mismo como recurrente y cotidiano siempre y cuando no pase a un segundo plano hiperreflexivo sustituido por un nuevo vacío con todo y sus tristezas, sus altibajos y sus importantes ciclos que se experimentan en ocasiones infinitos, eternos, siempre en dimensiones de lo interno, pues por fuera en la carcasa de lo humano se puede percibir algunas veces parte del todo y otras nada que figure apenas lo internamente experimentado. Entendemos entonces a la realidad como hiperreflexiva en sí misma, por estar construida a base de particularidades hiperreflexivas que convergen en puntos comunes en general, dándonos lo que popularmente conocemos y acordamos conocer y llamar como realidad. Es en esta realidad hiperreflexiva donde encontramos vacíos reflexivos que nos sugieren familiaridad, lo cual nos da paso a tratar un nuevo tópico a continuación.

III) Liminalidad hiperreflexiva

Bien adentrados en lo que sentimos familiar, surge en medio de una aparente nada con la que también sentimos una extraña sensación de familiaridad e incluso podríamos llegar a identificarnos con la misma aparente vacuidad o ese límite de lo que aparentemente es y lo que aparentemente no es. Nos regresa pues a una afirmación ya planteada líneas arriba, en las que vimos que lo hiperreflexivo es humano, esto nos deja un terreno arado para nuestro cultivo, a saber que la familiaridad que encontramos en los vacíos reflexivos de la realidad sin propios nuestros, humanos, alimentados de una experiencia que tiene sus cimientos en una sensación o un sentimiento de inquietud ante esos lugares que idealmente no estarían vacíos, pero de uno u otro modo lo están sugiriéndose abandonados, tranquilos vacíos en la reflexividad de algún hiperciclo, en términos más resumidos se suele nombrar a esta sensación como kenopsia. En cuanto a la familiaridad o incluso nostalgia que podemos o no encontrar en estos escenarios del aparente vacío reflexivo, que nos genera a su vez una plácida incomodidad suele ser nombrada como anemoia. Ambos conceptos construyen lo que aquí nombramos como liminalidad hiperreflexiva, que es uno de los modos por los que la hiperreflexividad se experimenta, en la liminalidad, bien de los espacios o bien de los momentos de la propia vida, es esa familiaridad extraña que abruma y que enciende las alertas, la ansiedad y la sensación de ser presa del depredador invisible y a veces inexistente, es en el límite del abismo dónde aún no somos capaces de escapar de una manera eficaz de lo hiperreflexivo, pues siempre habrá forma de quedar encerrado entre sus garras cíclicas.


3. La aparente conclusión

Si estamos de acuerdo con todo esto es porque en algún punto hiperreflexivo nos hemos quedado probablemente más de una vez a lo largo de nuestras vidas, sin embargo, no queda más que ceder al eterno ciclo de ciclos cíclicos insistentes que existen empeñados en mantenernos en ellos, al final no es una cuestión dependiente en un ciento por ciento de la voluntad, pues si se pretende que no se vive en el perpetuo devenir insistente, es pretender lo mismo a mentirse a uno solo, en la propia individualidad también se vive, existe y se hace patente una hiperreflexividad, y el acto hiperreflexivo se manifiesta en el momento en el que como individuos con tantas herramientas a la mano gracias a las grandes industrias y el consumismo, elegimos vernos reflejados en espejos oscuros que a veces dan una ilusa luz que nos hace reír y llorar, cuando elegimos sentarnos frente al computador a ver lo que ya uno mismo se tiene preparado, o lo que no es muy diferente, esperar a ver el rostro de lo que una serie de algoritmos y maquinaciones devuelven por medio de un monitor, mientras que yo pretendo sorpresa por encontrar algo nuevo que no recordaba que estuvo en mí. Cuando en el pequeño y oscuro espejo no veo más que lo que yo soy en lo cotidiano, cuando pretendo que veo mi realidad y mi particularidad desde mí mismo a través de esa supuesta ventana por la que veo el mundo, en esa forma tan peculiar de verlo que lo suelo llamar como una proyección, que a diferencia del que se usa para disfrutar de entretenerse con los productos de otras hiperreflexividades, yo lo uso para proyectar hacia dentro de ese mismo proyector, y a este proyector le puse de nombre como el que eligieron mis padres para mí, pero elijo el diminutivo con el que todo el mundo en su lengua nativa se auto refiere «yo» y es así precisamente como la hiperreflexividad nos alcanza una vez más, nos pone una ilusión de aparente salida de sí y cuando caemos en cuenta es porque hemos pasado por el mismo punto ya más de tres veces. La hiperreflexividad no sólo es el sentir reiterado ni la ansiedad de correr por tu vida, es la vida experimentándose a través de cada uno en sus propias particularidades, es casi una espiral por extenderse en el tiempo de modo circular, pero se aprecia mejor como un fractal cíclico de ciclos autorretornates que se dan vuelta a sí mismos y con ello alimentan un ciclo reflexivo más grande todavía, así la realidad se hace y es como la conocemos y como la interpretamos, por la misma razón entendemos realidades pasadas y las pasadas reflejan sus futuras posibles realizaciones dentro de las cuales encontramos la nuestra donde coincide usted leyendo esto y dónde estoy yo escribiendo esto. Hiperreflexividad es siempre hacia sí misma por propio sentido de su extensión.

06/02/2024



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