Desde Altas Montañas, Friedrich Nietzsche (1886).
¡Oh cenit de la vida! ¡Tiempo festivo! ¡Oh jardín estival! Inquieta dicha de durar, de escuchar, de esperar: dispuesto aguardo al amigo día y noche. ¿Dónde estáis amigos? ¡Venid, ya es hora, ya es hora! ¿No se adornó hoy para vosotros con rosas el grisáceo glaciar? El arroyo os busca, ansiosos de persiguen, se agolpan viento y nubes más altos hoy en el azul para acecharos desde una altura más lejana. Para vosotros dispuse mi mesa en lo más alto. ¿Quién habita tan cerca de las estrellas, quién al borde de las terribles profundidades del abismo? Mi reino -¿qué otro reino abarcó más? Y mi miel -¿Quién la ha gustado? Ahí estáis, amigos -¡lástima no ser yo a quien buscáis! Vaciláis, os asombráis -¡Ah, cuánto mejor si os enojarais! Yo -¿ya no soy yo? ¿Cambiado tengo mano, paso, rostro? Y lo que soy, para vosotros amigos -¿no lo soy? ¿Otro fui? ¿Extraño a mí mismo? ¿De mí mismo evadido? ¿Un luchador que demasiado a menudo a sí mismo se ha vencido? ¿Demasiado a menudo opuesto a su propia fuerz...